los “followers” de jesús

La semana pasada escuchábamos acerca de Jesús, de cómo se está dando a conocer y comienza a convertirse en un personaje célebre. Hoy, se habla de una multitud que está “viajando con él.” En un momento determinado, Jesús se detiene y se da cuenta de la cantidad de gente que hay a su alrededor. Quizás, se da cuenta también de que son muchos los que viajan con él, pero de que no son tantos los que lo están siguiendo: estarán los curiosos, buscando a ver qué milagros hace o qué novedades dice; estarán los que se toparon con él de camino y los ociosos; estarán también aquellos sedientos de algo. Muchos caminan con él, pero eso no supone necesariamente que la persona de Jesús impacte o cambie en su vida. A continuación Jesús hace la distinción entre “viajar con él” y “seguirlo”, ser su discípulo. Jesús quiere en el evangelio de hoy provocar, entre el tumulto de gente que está con él, un sentido de compromiso, retar sus intenciones. Jesús nos da tres cualidades para que, en lugar de sólo “viajar con él” por la vida, lo sigamos y seamos realmente sus discípulos.

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  1. El lugar que ocupa Jesús

 “Si alguno quiere seguirme y no me prefiere a su padre y a su madre, a su esposa y a sus hijos, a sus hermanos y a sus hermanas, más aún, a sí mismo, no puede ser mi discípulo.” (Lc 14, 26).  Jesús se pone como prioridad en nuestras vidas y la primera de sus condiciones será la de su preeminencia: Antes de todas las demás relaciones que tengamos, la de Jesús es la primera y más importante; él no es un “bonito complemento” a nuestra vida o algo que nos hace sentir bien cuando estamos tristes. Jesús es la primera prioridad de acuerdo a estas palabras. Y es que podemos vivir nuestra vida de casados o célibes y tener diversas amistades. Todas esas relaciones son legítimas y buenas, pero no son lo más valioso. Tu relación con Jesús es más importante que tu matrimonio, tus estudios o tu trabajo. Es triste escuchar comentarios como: “Padre, pues no pudimos ir a misa porque mi hijo tenía ensayos”; “los estudios,  los compromisos: no tuvimos tiempo”. Estos comentarios reflejan cuáles son nuestras prioridades. Dios es un Dios celoso y, como tal, no quiere una parte de ti, un rinconcito de tu corazón, unos minutitos al día o una hora a la semana. Dios lo quiere todo de ti: quiere todos los amores de tu vida, todas las relaciones. Él quiere ser la primera prioridad en todas tus relaciones.

  1. La renuncia a las posesiones

Aquel que no renuncie a todas sus posesiones, no puede ser mi discípulo“(Lucas 14, 33), la segunda condición para seguir a Jesús. Para renunciar, hace falta decisión. Y es una decisión consciente la que tomamos al renunciar a algo, como lo fue, por ejemplo, aquella que tomaste al contraer matrimonio: renunciar a todas los hombres o mujeres del mundo, excepto a mi marido o mujer. Vamos a tener indudablemente que renunciar a cosas. San Bernardo decía:

La vida Cristiana empieza con una decisión, elegir entre las ilusiones del hombre y los aseguramientos de Dios.

Yo puedo escoger entre la Santa Misa o mi trabajo, entre este momento de oración que me había o mi serie, mi novelita, el partido de fútbol, etc. Tenemos que escoger, y no solo entre cuestiones materiales o posesiones, también escogemos la manera de usar nuestro tiempo y nuestras relaciones. Hay momentos en que verdaderamente tenemos que escoger más contundentemente, instantes en que debemos cortar aquellas relaciones que no son saludables para nosotros. Y debemos hacerlo, renunciar a ellas, para seguir a Jesús.

Imagina que alguien te propusiera vivir una semana como ateo, como una persona que no crea en Dios. ¿Qué cambiaría de tu vida? Fuera de una hora a la semana en Misa, ¿realmente qué cambiaría? ¿Cambiarían tus relaciones? Tal vez, siendo sinceros, podríamos reconocer que no cambiaría mucho. Puede que siguiéramos sin rezar, como hacemos ahora. Y, posiblemente, tampoco encontraríamos su presencia en nuestro trabajo, en nuestras relaciones ni en la vida diaria. Desde un punto de vista positivo, ¿Cómo cambiaría tu vida de cristiano si te propusieras realmente seguir a Jesús en todo tu día? La vida del cristiano no es algo que comienza y acaba en el Bautismo; si has escogido seguir a Jesús, ¡Comprométe!

  1. Cargar nuestra cruz

Y por último: Quien no cargue su cruz y me siga, no puede ser mi discípulo (Lucas 14, 27). No solo habla Jesús de cargar nuestra cruz, como soportando los sufrimientos de esta vida porque no haya nada más que hacer, sino cargar la cruz y seguir a Cristo. No hace falta ser perfectos para seguir a Jesús. Y una mentira en la que podemos caer muchas veces es espera ser la versión ideal de nosotros mismos para comenzar a seguirlo. No seguimos de este modo a Jesús, sino que seguimos aquella visión utópica de nosotros mismos. Ser discípulo de Jesús es cargar con esa cruz que tienes en este momento: levantarla, cargarla y seguirlo; seguir a Dios en donde nos encontramos, no en donde quisiéramos estar.

Tuve la oportunidad hace unos años de visitar Tierra Santa y me reuní con un amigo, Ibrahim, cristiano palestino que vive cruzando la frontera de Israel. Estábamos platicando sobre su vida y me contó cómo se levantaba a las 3 de la mañana para poder cruzar la frontera, cómo le revisaban su pasaporte y permisos cada día. En un momento de la conversación le pregunté cómo su fe afectaba su vida. Sacó su identificación  y me señaló una palabra. Esa palabra ha definido en dónde vivo, ha definido qué tipo de trabajo puedo conseguir, qué tipo de salario puedo recibir, ha definido mi nivel socioeconomico y todo lo que soy, hasta en qué parte de la ciudad puedo estar y dónde no. “¿Qué significa?”—le pregunté.      Con una media sonrisa en sus labios, me responde «significa “cristiano”; por esta palabra, yo doy mi vida; por mi Señor y Salvador, yo doy todo lo que tengo: Por esa palabra, yo dejo mi sangre».

Podemos ver casi todos los días a esos mártires cristianos de Medio Oriente que están dejando su sangre por la fe en Jesús, como cargan su cruz, en sus circunstancias y nos dan ejemplo de fe. Nosotros también debemos cargar nuestra cruz y seguir al Señor. ¿Cómo podemos cargar nuestra cruz? A parte de luchando por vivir mejor nuestra fe, San Ignacio nos dice ágere contra, “ve en contra”, lucha radicalmente por la virtud: si luchas contra la soberbia y te cuesta mantener la paciencia y no discutir sin tener la última palabra, “ve en contra” de tu orgullo y guarda silencio cuando lo tienes lastimado, pues tienes que luchar radicalmente por la virtud opuesta al mal que combates. Si estás luchando “en contra” de la lujuria, debes enfrentarla radicalmente y guardar la vista y el oído de cualquier sensualidad, aunque no sea pecaminoso. Si luchas contra la pereza, mantén un horario y ten una vida activa. De esta manera buscaremos activamente cargar nuestra cruz y seguir a Cristo, sabiendo que él es el que transforma nuestra lucha con su gracia.

Amigos, seguir a Jesús puede ser o la aventura más grande de nuestra vida, o el “complemento” que no acaba de saciar, depende de nuestras prioridades y nuestra capacidad de compromiso. Vamos a pedir a María, la primera discípula de Jesús, que nos enseñe a seguirlo, que nos enseñe a tomarlo como nuestra primera prioridad y a aprender a dejar todas nuestras posesiones para seguirlo: que nos enseñe, en definitiva, a cargar nuestra cruz.

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