¿TÚ por qué eres cristiano?

Es un sentimiento muy humano el que brota cuando perdemos a un ser querido: inmediatamente recordamos nuestro último encuentro con él o con ella, sus últimas palabras; aquella última vez que estuvimos a su lado. Es también muy humano no querer perder a alguien muy cercano que se nos está marchando, y desear ir allá adonde vaya. En el Evangelio de hoy Jesús acaba de anunciar su Pasión a los apostoles por tercera vez. Podemos sentir la tristeza de sus discípulos. Tomás le dirá: «Señor, si no sabemos adónde vas, ¿cómo vamos a conocer el camino?» (Juan 14, 5). Jesús ha sido su  maestro por casi tres años; le ha enseñado la Palabra y le ha dado sentido a su vida. Ahora que siente que va a perder a su maestro, quiere seguirlo adonde fuera. Me pregunto que habrá representado Jesús para Tomás. ¿Quién habrá sido para él, que experimenta tal sentimiento?

Como parte de nuestra formación en el seminario nos asignan en los veranos a una parroquía. En mi caso fue una de tamaño mediano en la que vivían dos sacerdotes. Uno de ellos era un sacerdote Jesuita con el que hice muy buena amistad. Todas las noches, después de cenar, nos tomaríamos una copa de vino y reflexionábamos sobre los misterios de nuestra fe, sobre la Iglesia y la comunidad. Un día que él había ido a comer con un amigo rabino judío, después de servirnos la copita de vino tinto, me preguntó:

— Jorge, ¿tú por qué eres cristiano?

Reflexioné un momento. Mi primera impresión fue que me estaban probando. ¡Uno se acostumbra a los escrutinios del seminario! Si le decía que era cristiano porque así me habían bautizado, por haber crecido en una familia cristiana, me habría contestado que aquello no era una respuesta suficiente. Después de todo, la persona elige seguir la fe; podría dejarla o buscar otra. No, tenía que darle una respuesta más intelectual, más elaborada.

 —Bueno, Padre, el Cristianismo ofrece una serie de normas sociales y morales que edifican a la sociedad. Está todo el tema de la conciencia, la dignidad innata del ser humano…

—De acuerdo —me contestó—, pero el Buda también ofreció una serie de normas para ayudar al prójimo, e igualmente lo hizo Confucio. Es más, hay muchas organizaciones seculares en el mundo, muchas personas ateas que no creen en Dios y hacen obras sociales maravillosas. ¿TÚ por qué eres Cristiano?

Un poco nervioso, tomé mi copa de vino tinto y le di un trago a ver si encontraba algo de sabiduría en ella.

—Bueno padre, pero Buda y Confucio no creyeron en Dios. Yo sí creo en Él, en un solo Dios, por eso soy Cristiano.

—Tampoco es suficiente. Nuestros hermanos judíos creen en Dios. La religión musulmana cree en Dios. ¿TÚ por qué eres Cristiano?

—Padre, voy a necesitar unos días para pensarlo. Le marco cuando encuentre un respuesta que le satisfaga más…

 

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MOMA, San Francisco – “If you’re seeing this sign, you’re going the wrong way”

Una Respuesta Más Acertada

Después de aquel diálogo, esta preguntaba rondaba por mi cabeza, meses y meses. «¿Por qué soy Cristiano?», le preguntaba al Señor durante la oración. «¿Por qué lo soy?», me preguntaba mientras estudiaba y leía la Biblia.

Unos meses después tuve la gran bendición de visitar Tierra Santa y conocí allí a un Cristiano palestino, un hombre que vivía en la zona de Cisjordania. Le invité un día a tomar café para conocerlo un poco más y conocer más de su vida. Le pregunté cómo era un día normal en su vida.

—Normalmente me levanto a las tres o tres y media de la mañana, y cruzo la frontera a Israel para trabajar. No sé nunca cómo va a estar la frontera; a veces me toma minutos, a veces son horas.

Le pregunté si usaba algún tipo de pasaporte o documento. Me contesto que sí y, al momento, sacó de su bolsillo una identificación. Miró a su alrededor para comprobar que nadie lo estaba viendo y me la enseñó como a escondidas.

—¿Y esta palabra qué significa? —le pregunto.

—Es mi nombre, Ibrahim.

—¿Y esta otra palabra?

—Es mi pueblo de nacimiento.

—Y esta otra, ¿qué es? —le pregunté de nuevo.

Me miró a los ojos y me dijo:

—Esa palabra ha determinado todo lo que yo soy. Determina en qué pueblo puedo vivir, con qué gente puedo interactuar, determina qué trabajo puedo hacer. Esa palabra ha sido causa de discriminación y de odio en mi vida y en la de mis hijos. pero por esa palabra yo la doy toda. Por esa palabra yo doy toda mi sangre, hasta la última gota. Esa palabra es Cristiano.

Después de unas semanas de reflexión, hablé con el Padre Jake.

—Padre, creo que tengo una respuesta. Esa copita de vino la invito yo.

Al verlo le dije: «Padre, sí, yo fui bautizado en la fe Cristiana, en la Iglesia Católica. Sí, yo creo que el Cristianismo ofrece normas para mejorar la sociedad. Sí, yo creo en un solo Dios, pero, sobre todo, yo creo que ese Dios es Amor; y que tanto ama Dios al mundo que entregó a su único hijo por mí. Soy Cristiano porque creo que

Él es el camino, cuando ningún otro camino satisface.

Él es la verdad de nuestra existencia, quien nos revela quiénes somos: hijos e hijas de Dios.

Él es la vida de nuestra vida y, sí, hay otros maestros espirituales que enseñan un camino.

Buda, Confucio, Mahoma, Abraham enseñan el suyo, pero ninguno de ellos se llama a sí mismo “el camino”. Ellos apuntan hacia su camino para alcanzar la felicidad o el Nirvana; pero ninguno se atreve, ninguno osa, a llamarse a sí mismo el camino, la verdad y la vida; Jesucristo sí. Y creo también que Jesús quiso permanecer en su Iglesia, quiso permanecer en este templo de piedras vivas (Pedro 2, 5). Creo que la noche en la que iba a ser entregado tomó pan, tomó vino y permaneció realmente presente en Su comunidad, en Su palabra, en Su cuerpo y sangre, en Sus ministros y en la misión del Evangelio.

El Padre Jake me miró, tomó la copa de vino y me dijo: «Esa es una respuesta más acertada».

Ahora yo quisiera dejarles la misma pregunta. Tal vez cueste minutos contestarla, quizá horas, días o meses. Tal vez te hará una mejor persona, una mujer más coherente. Tal vez la consideres por unos segundos y luego te olvides de ella. 

¿Por qué eres Cristiano?

¿Por qué eliges seguir el camino del Hijo de Dios?

¿Por qué eliges seguir el Evangelio del Dios-Hombre, de Cristo?

¿Por qué eliges permanecer en la Iglesia?

Te darás cuenta en la busqueda de dicha respuesta que Él nos continúa llamando, así como nuestra inteligencia busca, anhela y tiene sed de esa verdad que es Él. Cuando finalmente te respondas y encuentres la sabia respuesta que te satisfaga, reza para ser coherente, y para que toda tu vida refleje esa respuesta que tú mismo encontraste.

Pidámosle a María, la Madre sabiduría, que guíe nuestra reflexión, que nos haga encontrar esa respuesta y vivirla; que nos enseñe junto el camino hacia el Padre, que es una persona.

 

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